Joel Hernández Santiago / joelhsantiago@gmail.com

Poco tiempo después del inicio de su gestión en 1940, el presidente Manuel Ávila Camacho hizo una convocatoria y dio forma a su política de gobierno: la de la «Unidad Nacional». Con ésta quiso mandar al cuarto de los trastos viejos al ‘modelo socialista’ con el que desde Estados Unidos se acusaba a su predecesor Lázaro Cárdenas, y con el pretexto de que la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) estaba en pleno.

E hizo una convocatoria para unir a las fuerzas tanto sociales como institucionales para  eliminar ‘de una vez por todas’ los divisionismos políticos del momento. Para esto, el 15 de septiembre del 42 convocó a una “Asamblea de Acercamiento Nacional” e invitó a los ex presidentes, legisladores, gobernadores y políticos de distintos partidos o de distinto pensamiento político. Todos en torno a esa “Unidad Nacional” que al final de cuentas permitió el predominio presidencial y fortaleció aún más lo que sería el “presidencialismo mexicano”.

El tema de la Unidad Nacional es recurrente en la política mexicana. Se convocó, por ejemplo, durante el gobierno de Luis Echeverría (1970-1976) ‘frente a los enemigos externos del país.’ O de otra manera lo hizo José López Portillo cuando llevó a cabo la nacionalización de la banca…

Hoy se convoca de nueva cuenta a esa “Unidad Nacional” en torno a las amenazas del presidente de Estados Unidos de América, Donald J. Trump, quien desde hace semanas había advertido que frente a la ‘dejadez’ del gobierno de México para detener el flujo migratorio que atraviesa territorio mexicano para llegar a EUA, tenía una respuesta. Pronto llegó esa respuesta:

Imponer aranceles del 5% y de forma progresiva hasta el 25% en octubre, a todos los productos que provengan de México a partir del lunes 10 de junio. Eso si México no detiene de plano la migración, si no cierra su frontera sur y si no “hace lo que tiene que hacer” en esta materia. Esto significaría un quebranto muy serio para la economía nacional, de por sí tan prendida con alfileres por estos días.

El presidente López Obrador creyó que esta era una más de las balandronadas y groserías de Trump hacia México, sin llegar a nada. Su muro no se ha construido gracias a la desaprobación de los congresistas Demócratas en su país. Y tantas más de manera cotidiana. Pero ahí está ya una primera acción concreta: aranceles.

Al gobierno mexicano se le pasó de largo que Donald J. Trump está en plena campaña para reelegirse y todo lo que haga o deje de hacer de aquí a un año y medio estará orientado a esto: Mostrar a sus electores más ortodoxos que está ‘defendiendo a su patria, como nunca nadie lo había hecho antes’. Por supuesto, dentro de Estados Unidos muchos no piensan como él y esa es una forma de contener su patológico odio hacia México y lo mexicano. Muchos estadounidenses ven a estos aranceles como una agresión innecesaria a un amigo y socio de EUA.

Pero el eje central de todo esto es la convocatoria que hizo el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador la mañana del jueves 6 de junio: La propuso para la tarde del 8 de junio en Tijuana, frontera con Estados Unidos “y en donde comienza nuestra patria”, dijo.

Esto es: convoca a los gobernadores de todos los estados del país, a los legisladores, a organizaciones políticas, a líderes sindicales, organizaciones civiles y a la ciudadanía de toda ideología, que se quiera desplazar a la ciudad fronteriza, para “Defender la dignidad de México” y  para mostrar “La amistad con el pueblo de Estados Unidos”: La “Unidad Nacional”.

Está bien. Sin duda es bueno que en momentos de crisis como la que se ve y que se puede avecinar, los mexicanos debemos estar unidos para ser causa común en la defensa de los intereses nacionales, que en este caso tienen que ver con los intereses económicos de todos. Unidad Nacional es un síntoma con el que, por encima de divisiones, de clase social, de ideología, de proyecto de nación, de intereses personales o colectivos, se puede hacer frente de forma vigoriza al problema…

Pero resulta, digamos, extraño, que precisamente sea el presidente López Obrador quien convoque a esa Unidad Nacional cuando él ha sido factor de confrontación entre mexicanos desde que asumió el poder como presidente electo el 2 de julio de 2018.

Quienes están con su proyecto de la Cuarta Transformación son “el pueblo bueno”, quienes hacen observaciones críticas a las formas de llevarlo a cabo o de plano no están con él en este proceso son  “fi-fis”, “hipócritas”, “traidores”, “conservadores”. “hampones” y en contra de los cuales “estoy en mi derecho a replicar”.

Y así: en unos cuantos meses en México se ha vuelto una confronta entre los que están con AMLO y los que no lo están del todo o no lo están, como decíamos, lo que ha hecho que el lenguaje y los hechos se extremen y que desde una batería de respuestas se descalifique a quien disponga de su propio criterio para expresarse en contra. Guerra sin cuartel contra “los enemigos de la 4-T.”

Así que, si en verdad quiere una “Unidad Nacional” debiera comenzar por casa y con asuntos de casa, para sanar heridas y no encabezar esas divisiones internas en el país; si quiere esa “Unidad Nacional” deberá entender que gobierna para todos los mexicanos y no nada más para sus seguidores y votantes.  Y que la “Unidad Nacional” también se expresa en beneficios para todos con la voz de todos, en democracia. Con método. Con formas sanas. Y con el respeto a la Ley.

“Unidad Nacional”, si, pero también para el “si” o “no” de lo que se hace.  “Unidad Nacional” sí, con libertad de expresión plena y responsable, sí con un gobierno social para todos los estratos sociales del país para generar igualdad y justicia: con la ley y el poder en las manos.

Eso es: si y siempre si a esa “Unidad Nacional” en defensa de las amenazas de Trump y sus obsesiones patológicas, pero también para lo que nos pasa y lo que ocurre en México.

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