Billetes y centavos

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¿Echar dinero bueno al malo?

Arturo Lugo

Pemex fue en sus mejores tiempos el motor económico de México, pero se acabó o se lo acabaron. De ser una de las mayores productoras de petróleo y de gas del mundo, aportando alrededor de un tercio de los ingresos fiscales federales y casi 8.0 por ciento del PIB, hoy en día es una bomba de tiempo.

Y ya lo alertó José Ángel Gurría, secretario general de la OCDE, quien días atrás subrayó que Pemex es uno de los elementos más peligrosos para la estabilidad económica de México, ya que está poniendo en riesgo la calificación crediticia del país en los mercados de deuda soberana.

«La debilidad de Pemex afecta la deuda pública de México, y podría provocar una reducción de la calificación del país. Esto llevaría a México a pagar un mayor interés por su deuda y esto reduciría los recursos del gobierno».

Esta declaración le valió a Gurría Treviño una airada y fuerte respuesta por parte del presidente Andrés Manuel López Obrador, al decirle que no tiene autoridad moral y recordarle un apodo que tenía cuando fue secretario de Hacienda: “el ángel de la dependencia”.

«Con todo respeto, Gurría no tiene mucha autoridad moral, que digamos; a veces se olvida lo que han hecho los servidores públicos, y suele pasar que no pierden ni siquiera su respetabilidad, los que han llevado a la bancarrota al país”.

Pero tan sólo diez días después de esta declaración, el presidente López Obrador olvidó sus palabras y anunció que el Gobierno de México firmará acuerdos con tres bancos para crear un fondo revolvente por ocho mil millones de dólares para Pemex, “sin que eso signifique aumentar la deuda de esa empresa”.

“Este acuerdo, que se firma a menores tasas de interés, demuestra la confianza de los inversionistas”, dijo un feliz López Obrador, al anunciar una nueva medida de apoyo a Pemex, que si bien para muchos analistas es positivo porque ayudarán a bajar la presión de corto plazo sobre las finanzas de Pemex, la percepción es que se tira dinero bueno al malo.

Además de que la anterior administración de Pemex había dejado firmada esas líneas de crédito de ocho mil millones de dólares, en una renovación que pretende ampliar el plazo y reducir el costo financiero.

Pero la solución a la grave problemática de Pemex va más allá de refinanciar deuda. Para BBVA Bancomer es necesario echar a andar los farmouts que desdeña la Cuarta Transformación.

“Para resolver el problema estructural de los relativos bajos niveles de inversión de Pemex en las actividades de exploración y producción petrolera, sugerimos que se reactive lo más pronto posible el modelo de negocio a través de farmouts”,

Los farmouts son asociaciones público-privadas que permiten a una empresa, en este caso a Pemex, compartir riesgos financieros, tecnológicos, y geológicos, para estabilizar su producción petrolera e incrementarla gradualmente.

Porque la empresa productiva del Estado necesita con urgencia elevar su producción. El problema de Pemex es complejo, la solución aún más.

Nos leemos el próximo martes.

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